El fuego prendido por los parlamentarios se propagó por las calles de Atenas.
Las revueltas de la última noche en Atenas dejaron un balance aterrador: más de un centenar de heridos, unos 48 detenidos y más de una docena de edificios ardiendo en el centro de la capital ateniense. Para extrañeza y dolor de los ciudadanos griegos, entre los detenidos por la policía no se encontraba ninguno de los parlamentarios que votaron alegremente ‘sí‘ a los ajustes impuestos desde Berlín, que incluyen la rebaja de salarios y pensiones en un 22% y el despido antes de 2015 de 150.000 funcionarios.
Entre los edificios que fueron incendiados hay dos cines y varias sedes bancarias, incluyendo el edificio central del banco Alphabank. Además, una comisaría de policía fue atacada y un grupo de manifestantes intentó ocupar el Ayuntamiento ateniense, pero el intento fue abortado por la policía que, sin embargo, no pudo evitar que los indignados ciudadanos lo incendiaran.
Entre las reacciones de los ciudadanos al asalto que sufren por parte de las élites financieras, destaca el hecho de ocupar el canal de televisión Skaï.
Decenas de miles de manifestantes protagonizaron, en las calles de la capital griega, una reacción de ajustada a la brutal acción de expolio del bienestar social que sus propios políticos llevaron a cabo desde el parlamento, en beneficio de los bancos alemanes y franceses que acosan financieramente Grecia.
No solo Atenas en llamas
En otras ciudades del país también ha habido importantes revueltas. En Iraklion (Creta) se concentraron más de 30.000 personas para mostrar su más indignado rechazo a la defensa que sus parlamentarios realizaban en la noche del domingo al lunes, de los intereses de la élite financiera contra los intereses de todo el país heleno.
En Corfú, un nutrido grupo de manifestantes destrozó los despachos de los parlamentarios de esa circunscripción.
Estas reacciones ya fueron previstas por el propio primer ministro Papademos, que conocía mejor que nadie la magnitud de la acción que desde el Parlamento se iba a llevar a cabo contra la ciudadanía griega y sus derechos, “tomar estas medidas creará una explosión social y el caos, será un caos incontrolado” advirtió.
Poco antes de las votaciones en el Parlamento griego, Papademos dijo que “la violencia y la destrucción no tienen lugar en una democracia”, tras lo cuál se lanzó a destruir con violencia los pocos derechos que quedaban a sus compatriotas, entre ellos destacan la rebaja del 22% de los salarios y pensiones y el despido antes de 2015 de 150.000 funcionarios. Papademos ha evitado en todo momento explicar porqué cree que rebajar los salarios o las pensiones en un 22% ayudará al país a salir adelante en su lucha contra la crisis.






