La codicia es la única enfermedad en la que los síntomas los padece una sola persona y las secuelas toda una sociedad 

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Carta abierta a los historiadores del S.XXIII

(Relato de Capitalismo-Ficción)

 

Estimados Sres:

Me dirijo a ustedes para trasmitirles todos los detalles a mi alcance acerca de los importantísimos e históricos acontecimientos que han tenido lugar hace apenas dos días, a mediados del año 2.011.

Para que les resulte más fácil comprender el contexto en el que se han producido los hechos, les pondré en antecedentes.

 

Desigualdad

Aunque pueda parecerles pura fantasía, la población mundial alcanzó a primeros de este año 2.011 la cifra de 7.000 millones de personas. Por las noticias que han llegado a mí en las últimas horas, puedo imaginar la expresión de sorpresa e incredulidad en sus rostros. No se alarmen, esta información es completamente cierta. Al menos hasta hace aproximadamente dos días.

Es cierto es que la población óptima con una huella ecológica mínima, ha sido superada ya hace 2.000 millones de personas. Este es, sin duda, un factor determinante y primario de los graves sucesos que han tenido lugar recientemente.

En 2.009 se batió el vergonzoso récord de 1.000 millones de personas acosadas por el hambre. Y en el año 2.010, el agravamiento interesado de la crisis capitalista acercó esta cifra peligrosamente a los 2.000 millones. Las del hambre son, tal vez, las víctimas más visibles, pero no las únicas, de ese sistema económico de gobierno que dio en llamarse Capitalismo, y que ustedes, a buen seguro, tendrán por el único sistema posible.

De la mencionada cantidad de personas que hasta hace nada habitaban en el mundo, solo entre las 100 personas más ricas, suman tanto capital como el PIB de los cien países más pobres del planeta. Además de la riqueza de esas 100 desvergonzadas codicias, habría que añadir otras, como las inconmensurables riquezas empresariales, diluidas y difuminadas en el anonimato de la persona jurídica; o las inabarcables e inexplicables riquezas acumuladas por la Iglesia Católica durante milenios.

 

Partiendo de esta base, en la que el Capitalismo había conseguido reunir en unas pocas manos la inmensa mayoría de las riquezas presentes en el planeta, parecería lógico pensar que tal codicia perdiera intensidad ya que habría culminado todas sus metas con éxito. Nada más lejos. Tras conseguir las riquezas presentes, el Capitalismo se lanzó a la conquista de las riquezas futuras. Y ejecutó este plan en distintas fases.

 

Burbuja Inmobiliaria

En una maniobra estratégica de excepcional brillantez y ayudándose de la muy manipulable ley de la oferta y la demanda, el Capital sacó al mercado ingentes cantidades de dinero a un tipo de interés muy atractivo. Lo hizo a través de préstamos hipotecarios con los que la población se encadenó a compromisos cuya duración prevista era, en muchos casos, superior a la propia esperanza de vida. Una vez con todo el dinero en el mercado, solo había que incrementar el tipo de interés al que habrían de ser devueltos los préstamos. Esto supuso un freno al aumento incesante de los precios de las propiedades inmobiliarias, que se desplomaron irreversiblemente. También supuso el inicio de los problemas de muchos prestatarios para devolver los préstamos, lo que derivó a su vez, en el inicio de problemas de liquidez de muchas entidades financieras, que fueron a la quiebra o acabaron absorbidas por entidades de mayor envergadura.

Todo ello supuso una descomunal transferencia de riquezas de las capas medias y bajas de la sociedad hacia las más altas, hacia las capas del Capital.

 

 

Burbuja Laboral

El estallido de la burbuja inmobiliaria tuvo un fuerte impacto en el crecimiento de la economía mundial. Asimismo mermó considerablemente la capacidad de consumo de la población, lo que se tradujo en un agravamiento general de la crisis. Todo ello desembocó en un fuerte aumento generalizado del desempleo. De ello se sirvió el Capitalismo para estrechar el cerco sobre las condiciones que regían la vida laboral y que aún contenían algunos derechos en favor de los trabajadores, que mermaban claramente la capacidad de enriquecimiento del Sistema.

En la mayoría de los países se llevaron a cabo diversas reformas laborales, que fueron impuestas y anunciadas a la población como mal menor, sin mencionar en ningún caso, cuál era el mal mayor. Estas reformas perseguían ante todo un mayor desequilibrio si cabe, en favor del Capital, de la ya injusta relación laboral. En algunos países tuvieron lugar tímidas revueltas populares como en Grecia o en Francia, y aún más timoratas en otros como en España. Pero ninguna de ellas tuvo el efecto deseado. Antes al contrario, el Capital comprobó entonces que cualquiera que fuera el calibre de los atropellos que cometiera contra la justicia social, toda protesta era fácilmente controlable si se le recordaba al pueblo que, después de todo, había que comer.

Aún después de las reformas esclavistas, los trabajadores vieron resignados cómo sus derechos seguían menguando más y más. Después vino la reforma de las pensiones, que estrechaba las posibilidades de acceso y que rebajaba la cantidad final a percibir.

A principios de este 2.011, volvieron las propuestas de ampliación de la jornada laboral hasta un total de 60 horas semanales. Estas propuestas solo vinieron a oficializar la actitud miedosa y servil que muchos empleados mostraban desde hacía años, permaneciendo más horas de lo normal en sus puestos de trabajo, a cambio de aumentos inapreciables de productividad para el empresario y de ninguna contraprestación por su parte. El Capital comprobó que su poder era enorme cuando ya ni siquiera era necesario amenazar activamente al trabajador.

Las propuestas de rebajas salariales en pos de mayores beneficios empresariales no se hicieron esperar. Comenzaron tímidas revueltas populares, nutridas fundamentalmente por personas en situación de desempleo y fuerte riesgo de marginación social. La policía se empleó con la misma dureza con que se empleaba el hambre con los manifestantes. Víctimas y detenidos. Al menos los detenidos comieron gratis durante unos días a cambio de dar trabajo a policías y torturadores.

 

 

Burbuja alimentaria

En estas circunstancias de desigualdad creciente, entre los que tienen todos los medios y los que tienen todas las necesidades, se dieron las circunstancias precisas para que el Capitalismo estrechara el último lazo que quedaba suelto sobre el cuello del pueblo: el alimento.

El consumismo irracional de que la población había sido víctima y motor en los años precedentes, se desinfló, dejando paso a la simple y llana subsistencia. A finales de 2.010, más de la mitad de la población no era capaz de hacer frente a gastos imprevistos.

Debido al menguante poder adquisitivo de la población, el consumo de alimentos de baja o muy baja calidad aumentaba sin cesar; y el envío de los mismos al tercer mundo se vio comprometido, aumentando seriamente el número de víctimas potenciales del hambre en las zonas más deprimidas del planeta; que ya sufrían el acoso de las compañías trasnacionales que codiciaban sus tierras y la producción de las mismas, para erradicarlas y así poder introducir más fácilmente sus semillas genéticamente modificadas que se convertían en la única opción de futuro para el campesino.

En los primeros meses del 2.011, la tensión social había llegado en algunas zonas, a extremos intolerables para el Capital. La policía y el ejército fueron los encargados de hacer cumplir la ley, una ley elitista que permitía al poderoso hollar los más básicos derechos que asisten a toda persona por el simple e incuestionable hecho de serlo.

Las revueltas populares se hicieron costumbre y la represión ley, pero lejos de suponer una amenaza real para el Capital, aquellas protestas supusieron una nueva marca en el termómetro de represión al que solía llamarse “orden establecido”. A mayor protesta, mayor represión.

El hambre causó estragos en la población más expuesta, y dejó al borde de la muerte a muchos más. Esto hirió la sensibilidad del Capital, que mostró su solidaridad enviando por los rincones más necesitados a sus soldados, faltos de pan pero sobrados de orden.

 

 

Burbuja ecológica

Una vez que el Capitalismo se apropió de las riquezas presentes y futuras de toda la población, y después de someter su voluntad y su libertad racionando la cantidad y calidad de sus alimentos, llegó el turno de privatizar una las necesidades futuras más básicas de la población: el agua. Después de los intentos llevados a cabo durante años, finalmente, en este fatídico año 2.011, y ante la resistencia prácticamente nula de una población sometida, no existía legalmente sobre la superficie de la tierra una sola gota de agua de libre disposición.

Lo que hace tan solo unos meses parecía tan absurdo y ridículo como privatizar un bosque, hace apenas unas semanas se ha convertido en realidad.

 

Burbuja genética

Como última etapa de su viaje al Infierno en la tierra, el Capitalismo abordó la privatización del último reducto que aún se escapaba a su poder: el genoma humano. Durante años lo intentó por distintos medios, hasta que finalmente, en el segundo trimestre de este maldito 2.011 se convirtió en una realidad. Las personas habíamos dejado de ser dueños de nosotros mismos, nuestras únicas posesiones se reducían al hambre y el dolor.

 

 

En los últimos tiempos, el descontento y la inseguridad ciudadana han hecho del mundo un lugar incómodo para vivir, incluso para el Capital. Durante las últimas semanas se ha producido una interminable lista de saqueos a las propiedades privadas realizados por los privados de propiedades. El Capital se ha visto obligado a formalizar un sistema dictatorial de gobierno en aquellos países con más sublevaciones populares, de modo que pudiera contar con una represión más efectiva. En la última semana no ha habido ni un solo día en que no hubiera que lamentar cientos de víctimas de este salvaje terrorismo de estado.

Hace cinco días ocurrió algo inesperado. Se propagó la idea de que lo único que no quería el Capitalismo de nosotros era nuestra muerte. Después de privatizar hasta nuestro código genético, ¿por qué nos mantenían con vida? Era evidente que el Capitalismo nos necesitaba con vida, el Capitalismo necesitaba una legión de pobres sobre la que reinar, cuanto más grande la legión, más grande la gloria del Capitalismo; cuanto más mísera la existencia del pobre, mayor la grandeza la del Capitalismo. Muchos creyeron que la única vía posible para combatir eficazmente la crueldad del Capitalismo era el suicidio.

—Sin duda el Capitalismo se vendría abajo de forma inmediata si no existiera gente a la que explotar —pensé—

Mi hija de cinco años me preguntó:

—¿Papá, nos vamos a suicidar?

—No, hija mía, eso sería concederle la victoria al Capitalismo. Si el Capitalismo quiere la victoria, tendrá que conseguirla. Lucharemos

El disparo legal de un policía arrancó su alma de mis manos.

 

Los terribles e ignominiosos acontecimientos que vinieron después es algo que ustedes, señores historiadores, deben conocer mejor que yo, aunque se lo hayan enseñado como un cúmulo de infortunios que convergieron sobre los pobres, acabando con la mayoría de nosotros.

No sé cuánto tiempo aguantaremos los pocos que hemos quedado, pero hasta nuestro último día vivirá en nuestros corazones la llama de la esperanza tan solo de pensar que alguien como ustedes pueda estar leyendo esta carta.

No sé cómo será la sociedad del S.XXIII, pero sí sé que estarán ustedes más lejos de la justicia social cuantas más desigualdades permitan que sufran las personas que la componen.

Siempre he creído que una sociedad es más justa cuanto menor rechazo produzca en todas y cada una de las personas que la integran, la idea de cambiarse por cualquiera de las demás.

 

Firmado: El último pobre, dos días después del fin del mundo.

 


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8 Comments  comments 

8 Responses

  1. alex

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    cuanto de razon hay en este articulo.cada vez me gusta mas este blog,seguid asi.
    salud y republica

  2. Thumb up 0 Thumb down 0

    me quedo con una frase que a mi entender resume todo lo dicho:el “Capitalismo necesitaba una legión de pobres sobre la que reinar,”A mayor pobreza mayor era la riqueza(vestida de codicia y opresión).Es la piedra angular que sostiene este sistema.
    ….pero ¿cuál es la solución?…¿ayudas humanitarias ?¿a caso no es otra de las tretas de este sistema?yo tengo ,yo codicio ,y yo soy quien te ayuda .De hecho salta a la vista la ayuda hacia la pobreza y miseria sale a la luz publica con la cara de un famoso millonario.Por otro lado ,la necesidades son cada vez mas cercanas personas que viven en situaciones infrahumanas aqui es España,en mi ciudad ,en mi barrio
    ¿Cuál es la solución ?
    Me gustó tu artículo ,felicidades

  3. Thumb up 0 Thumb down 0

    Excelente artículo. Lo he compartido en mi Facebook y está teniendo bastante éxito.

    La solución??
    Pues yo creo que se basa simple y llanamente en NO consumir más de lo necesario. Es decir, el anticonsumismo.
    Nuestro desmedido consumo de objetos, alimentos, etc, algunos de ellos, o la gran mayoría, innecesarios, es lo que enriquece a los poderosos, haciéndolos cada vez más fuertes, y empobrece a los pobres.
    No hay más. Desastres ecológicos del nivel que sean y desigualdades sociales tienen un mismo enemigo: el consumismo.
    Si se extrae petroleo, se producen accidentes, se contamina el aire, el agua, la vida, aumenta la temperatura global y se organizan guerras, es simple y llanamente porque lo consumimos. Y hay alternativas al peptroleo, pero mientras sigamos obedeciendo a sus leyes de consumo como borregos… los poderosos seguirán metiéndonos petroleo hasta en la sopa (casi literalmente).
    Si hay gente en deprimentes y nefastas condiciones de trabajo/vida, muriéndo de cientos de enfermedades, suicidándose, no teniendo ni qué comer y a veces ni qué beber… es gracias a nuestra demanda de mayor cantidad y variedad de artículos, y por supuesto más baratos. No hay más.
    Somos (ese supuesto primer mundo) los únicos causantes de todas las desgracias producidas en la tierra.
    Mientras no cambiemos el chip del consumismo… poco hay que hacer. Los peores presagios se cumplirán sin lugar a dudas.

    A mí, lo que mas miedo me da de todo esto, es que estamos viviendo todos los acontecimientos como si fuese una película. No sabes el final, pero crees, casi por lógica, que será un final feliz y ganarán los “buenos”.
    Pero la realidad es que nos estamos enfrentado a situaciones y peligros que no tenemos ni la menor idea de cómo nos puede salir el invento. Y casi con total seguridad, cuando nos queramos dar cuenta… será demasiado tarde.

  4. Thumb up 0 Thumb down 0

    Gracias a ti, Víctor.

    Sí, lo leí. La verdad que desde que descubrí tu blog… es raro que me pierda un artículo.

    Saludos!

  5. Thumb up 0 Thumb down 0

    El artículo refleja fielmente todo lo que llevo meses intentando transmitir… Has dado en el clavo, esa es la verdadera verdad del mundo. Sólo podremos salir del sistema enfrentándonos a él de manera directa, aunque seguro que existen revoluciones pacíficas. Pequeños gestos, como el ehcho de no comprar ciertas cosas, pueden ayudar a que muchos se tengan que bajar de su pedestal. Plataforma YA!
    Por otro lado, no creo que la “tercera” se la solución a los problemas, da igual quien conforme la clase política, lo que hay que acabar es con la clase capitalista, como dices en el artículo.
    La verdad nos hará libres.
    Saludos!

  6. Manuel

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    Lo insostenible no son los trabajadores, ni jubilados, ni enfermos, los insostenibles son los politicos al servicio de los capitalistas y su corte de asesores cobrando por tocárselos… a dos manos, ingentes sumas de dinero al mes, esos son los vagos corruptos inservibles excesivos e inútiles que sangran a los que trabajamos cuales parásitos improductivos sin ideas ni recursos para dar soluciones, esos son los insostenibles, pero son útiles al capital para hacer que el ganado productivo laboremos para ellos, tendríamos que empezar por no votarlos a ninguno, al menos no seamos sus cómplices y botemosles de sus cómodos sillones.

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