El llamado déficit tarifario de las compañías eléctricas se ha convertido en un arma de destrucción masiva de economías familiares en España.
Cada vez que los grandes medios de comunicación sacan este tema de la deuda tarifaria termina convirtiéndose en la antesala de nuevas subidas en las facturas eléctricas que pagan los ciudadanos, a mayor frecuencia de “noticias” mayor inminencia del nuevo asalto al bolsillo del ciudadano.Lo cierto es que es un mecanismo exitoso, porque de lo contrario no se repetiría con tanta asiduidad.
Es exactamente el mismo mecanismo que utiliza un candidato a la presidencia del Gobierno cuando asegura que “no subiremos los impuestos” y lo primero que hace en cuanto tiene ocasión es subirlos.
Pero también es el mismo mecanismo que utiliza un ministro cuando asegura que algo no ocurrirá, pero que, pueden estar seguros, acabará ocurriendo.
¿En qué consiste el déficit tarifario?
No es otra cosa que un instrumento utilizado por las grandes compañías eléctricas para aplicar subidas de tarifas de la luz de forma recurrente y arbitraria. Consiste básicamente en decir que los costes de producción de la energía eléctrica no se trasladan en su totalidad a la factura que paga el consumidor. Unesa, la asociación de las grandes eléctricas (Endesa, Iberdrola, Gas Natural Fenosa, HC Energía y Eon España), prefiere decir que las eléctricas soportan un coste de producción mayor que el ingreso por facturación. En grandes números, no hace falta ser un hacha para llegar a la conclusión de que las compañías eléctricas deberían estar, después de años y años, al borde mismo de la banca rota. ¿Qué compañía podría soportar durante años las consecuencias de un balance en el que el capítulo de costes supera ampliamente al capítulo de ingresos?
Sea como fuere, algo debe ocultarse por parte de las eléctricas porque si no, ¿de qué modo se podría explicar que, en semejante tesitura, Iberdrola tuviera en 2010 unos beneficios de 2.871 millones de euros (record de toda su historia)?, o ¿cómo explicar que solo en el primer de 2011 alcanzara ya los 1.014 millones? Las exigencias de las eléctricas en el asunto del déficit tarifario resultan tan obscenas como sus beneficios.
Aunque el déficit tarifario sea mayoritariamente cierto, la simple falta de liquidez por no poder materializar su cobro o, en su defecto los costes de financiación que supondría suplir esta falta de tesorería, acabaría por asfixiar la actividad de cualquier empresa.
En el asunto del déficit tarifario parece que hay mucha mentira y una sola verdad: la factura que llega puntual hasta nuestra cuenta corriente. Las facturas cada vez son mayores, pero curiosamente, nunca sacian por completo ese saco sin fondo que, elegantemente llaman el déficit tarifario.





