Desde casi todos los sectores de actividad se escuchan quejas sobre el descenso continuado en las ventas debido, tanto a la crisis real, como a la crisis sicológica de quienes teniendo una situación económica empeorable, se temen lo peor. Todos los sectores piden ayudas al estado, todos intentan fomentar el consumo. Es decir, lo de siempre, la huÃda hacia adelante.
Las campañas publicitarias no cesan de emitir el mantra del consumo, en sus más diversas formas y en distintos grados de tergiversación de una realidad cada vez más difÃcil de tergiversar. No se dan cuenta de que por más que se quiera vestir al mundo real de seda, mundo real se queda.
Está demostrado que rociarse con un caro perfume no nos garantiza vivir en suntuosas casas, increÃblemente vacÃas, a excepción de una grandiosa cama que acabamos de usar con un estereotipo sexual.
Está demostrado que en caso de que el consumidor tuviera la misma presencia fÃsica que los actores de los anuncios, muy probablemente no necesitarÃa consumir el producto anunciado.
Está demostrado, aunque muchos siguen creyendo lo contrario, que los coches lujosos no llevan como equipamiento de serie a la sugerente modelo que “nos lo vendeâ€.
La tormenta de mensajes es tan grande y tan perturbador su contenido que es fácil que el espectador quede aturdido. Ante la insistente promesa de felicidad futura de la mano de un maravilloso producto que no necesitamos, es fácil que, aunque no seamos conscientes de ello, nos sintamos infelices por no necesitar tan mágico producto. Las empresas crean productos y luego intentan convencernos de que los necesitamos, utilizando la sicologÃa inversa: “si no utilizas nuestro producto serás infelizâ€, ni siquiera venden felicidad, sino un antÃdoto para la infelicidad que quieren causarnos con su propio mensaje.
Muchos de los anunciantes incluso, recurren a siniestras alianzas con los más bajos instintos del consumidor. Hay campañas que nos advierten de que no seremos totalmente felices si se nos llega a ocurrir compartir el producto en cuestión con nuestros amigos. Hay productos que nos aseguran convertirnos en el centro de la envidia vecinal. Hay otros que nos convertirán en el centro permanente de atención del otro sexo, aunque no advierten que, como es lógico, también acudirán a nosotros feos y feas de todos los rincones del planeta. Otros prometen sin sonrojo convertirnos en adictos al producto. Todo ello para mayor gloria del consumidor, por supuesto.
El mensaje del anunciante se podrÃa resumir en: “consumir es sinónimo de éxitoâ€. Está claro que lo único que importa es el éxito de la cuenta de resultados de la empresa, aunque sea a costa del fracaso de la cuenta de resultados del consumidor.
Sepan las empresas anunciantes que del descenso de sus ventas tendrán que pedir explicaciones a los mercados, que generan paro y peores condiciones laborales, que generan menos capacidad de consumo, que genera paro y peores condiciones laborales, que generan menos capacidad de consumo, que genera paro y peores condiciones laborales, que generan menos capacidad de…
Se mire por donde se mire, la sociedad española está muy enferma y los dos sÃntomas más claros son la fiebre del mercado laboral, que ya alcanza más de 4.000.000 de grados (y subiendo), y la fiebre del consumismo que, alabada sea la razón, parece estar dando sus últimos coletazos.
Por lo tanto deseo, ¡Febril Navidad para todos! Para los que pueden consumir y para los que no. Para los que pueden comprar regalos y para los que no. Para los que pueden salir de fiesta, y para los que no. Para los que tienen trabajo, y para los que no. Para los que tienen qué comer, y para los que no.
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SÃ, sà VÃctor, tal cual. Conozco a gente que debe dinero a la gente, pero llegando estas fechas sino compran regalos se frustran, es como una locura. Yo soy de las personas afortunadas que me he rebelado y no me da la gana de que me impongan semejantes sandecez. Ya está bien, los regalos se hacen cuando viene bien y se pueden hacer de muchas maneras, una de éllas podrÃa ser desde el respeto al otro, por ejemplo.
Son fechas comerciales, como San ValentÃn, o los dÃas de padre, madre…
El consumismo es un cáncer de esta sociedad, que solo es útil al capitalismo.
Como digo, el consumidor se consume en la pira del consumismo.
Saludos.
Esta noche me produce pena, frustación y hasta depresión. Imagino a Botin, a Diaz Ferrán, a Zapatero y demas calaña comiendo opÃparamente y bebiendo sin parar, sin pensar un segundo en tanta miseria que dejan en este negro 2010. Despues pienso en tantas miles de familias que han picado el anzuelo consumista y que se han endeudado para esta noche comer “como los ricos”. Mañana volverán a pensar en hipotecas imposibles y en empleos precarios. Pero hoy, esta noche, nochebuena para banqueros mafiosos y politicos corruptos, toca pensar en los marginados por la sociedad, en esos 5 millones de parados que sufren en familia o en soledad cuando llega la nochebuena capitalista; en esos pensionistas, viudas y viudos cuatrocientoseuristas que en su soledad “celebran” una noche mala, de recuerdos, de sueños incumplidos, de depresiones; en esos millones de curritos ahogados en la hipoteca sin destinar para esta noche un solo euro; en esos trescientosmil seres humanos, junto a sus familias, que en este nefasto 2010 se han quedado sin vivienda. Imaginate que nochebuena estarán pasando ahora. Para colmo de males, y para deprimirme aun más, se me ocurrió oir al Rey, por si acaso se le cruzaban los cables y atizaba a los bancos. Pero no, no ocurrió eso. Volvió a leer el manifiesto capitalista, ya saben, más competitividad, más sacrificios, más austeridad,más reformas “necesarias”… pero ni mu sobre las causas de la crisis. Nada.
Por tanto una noche triste para millones de seres humanos que desean que algun dia todas las noches sean buenas. Saludos…
Amigo Jose, efectivamente el rey es cada vez el rey de menos españoles, es, en todo caso, el rey de los banqueros y demás mafiosos causantes de la crisis. ¿Qué clase de rey es aquel que pide que se profundice en las reformas que acabarán con el concepto de trabajador como hasta ahora lo conocÃamos, y acercándolo peligrosamente al concepto de esclavo?
Nunca me ha gustado la monarquÃa, pero anoche el Borbón volvió a recordarme por qué nunca me ha gustado al dejar claro de parte de quién está.
Saludos.