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El envío por parte del Gobierno de los Estados Unidos de portaaviones, unido a la alerta de la quinta flota que tiene su base en Bahréin, es rechazada de plano por el Gobierno de Teherán.
Su alto mando de la armada iraní, Habibolá Sayyari, aseguró ayer que su país “no necesita la presencia de tropas extranjeras”, y añadió que Irán “puede mantener la seguridad en el Golfo por sus propios medios”, en declaraciones a la cadena estatal de televisión Al Alam. Ante las constantes sanciones económicas impuestas en base a los intereses estadounidenses, y ante las constantes e intolerables amenazas militares a que desde Washington someten a su país, Sayyari recordó a la comunidad internacional que su país “actúa en función de la legalidad internacional, por lo que la presencia de las tropas extranjeras (en alusión al despliegue estadounidense en Ormuz) está de más”.
Por su parte, el portavoz del Pentágono, George Little, ha amenazado con mantener el actual despliegue militar de su país tal y como “ha venido haciendo durante décadas” en la región. Y se ha mostrado firme en su empeño de erigir a su país comisario de la seguridad en el estrecho de Ormuz, aunque sea “mediante el uso de la fuerza”.
Victoria Nuland, portavoz del Departamento de Estado, ha mostrado su orgullo ante lo bien que están funcionando “las sanciones contra Irán” contribuyendo a su desestabilización y “a su aislamiento internacional“. “La presión de la comunidad internacional está comenzando a dar sus frutos” han asegurado desde la Casa Blanca.
Desde París, el Gobierno francés insiste en aumentar la represión contra Irán, por lo que estudia congelar los bienes del banco central iraní y aplicar un embargo a las exportaciones de petróleo, respondiendo así a las presiones recibidas desde Washington con el objetivo evidente de provocar una reacción de Teherán en legítima defensa de sus intereses.
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